martes, 5 de abril de 2011

Galeria fotográfica

MUY LEAL Y VALEROSA VILLA DE OÑA

OÑA CELEBRA EL MILENARIO DEL MONASTERIO DE SAN SALVADOR

La localidad burgalesa de Oña se convirtió este sábado en el centro de atención de los actos de toda la provincia de Burgos, gracias a la celebración del Milenario del Monasterio de San Salvador, un espacio benedictino, fundado en 1011 por el tercer conde independiente de Castilla Sancho García y que cumple ahora mil años desde que se fuese levantado. Las celebraciones reunieron a una nutrida representación del mundo político, cultural y religioso de la Comunidad. Entre los asistentes estuvieron presentes el Nuncio de Su Santidad, Monseñor Renzo Fratini; el arzobispo de la diócesis de Burgos, Francisco Gil Hellín.
Asimismo, el presidente de la Comunidad, Juan Vicente Herrera; el delegado del Gobierno en Castilla y León, Miguel Alejo; la consejera de Cultura, Maria José Salgueiro, la subdelegada del Gobierno de Burgos, Berta Tricio; y el presidente de la Diputación, Vicente Orden Vigara, fueron algunos de los representantes políticos que arroparon a la villa oñense en este esperado día.
“Un día histórico”, así definió Herrera a la jornada. El presidente del Ejecutivo agradeció la presencia de la representación que hubo por parte de la Comunidad Foral de Navarra, en un acontecimiento “esperado por todos los ciudadanos de Castilla y León”. Asimismo, declaró que los actos de hoy son el preámbulo de un conjunto de actuaciones que durante los próximos meses “darán un mayor esplendor al monasterio”, gracias a una actuación integral en el claustro del edificio para mejorar su espacio.
El presidente dejó clara la intención y el apoyo que Oña recibirá por parte de la Junta en los próximos meses mediante la contribución a todos los actos del Milenario para poner en valor “una joya de nuestra historia”. En la misma línea, el alcalde de Oña, José Ignacio Castresana, recordó que la historia de Castilla nació en el monasterio benedictino de la localidad, que es “el germen de España”.
Por su parte, Alejo consideró que el día de hoy sirve para reconocer el trabajo de una población que “mira por su futuro”, y recalcó la necesidad de “poner en valor” el rico patrimonio cultural que hay en la provincia y en Castilla y León. Asimismo, Alejo no descartó la posibilidad de que el Complejo de San Salvador pueda convertirse en el futuro en un parador nacional, aunque tampoco avanzó si el Ejecutivo nacional tiene pensado invertir en el edificio.
Mil años después
El Monasterio de San Salvador se vistió de gala para acoger unos actos en los que ha trabajado con el apoyo de la Fundación en los últimos doce meses y que han contado con el apoyo de los vecinos de esta localidad burgalesa, así como las instituciones burgalesas y regionales que han seguido de cerca el programa de actos. Mil años de historia que comenzaron a principios del siglo XI cuando Sancho García fundaba un monasterio y abría nuevos horizontes en la reconquista de la península al salir victorioso de la guerra contra Almanzor y del vasallaje del Califato Cordobés.
Eran tiempos convulsos para los reinos cristianos del norte de la península. En aquel momento se iniciaba un nuevo derrotero político en los reinos ibéricos, en que Oña y su monasterio fueron el centro donde convergieron los intereses de Castilla y de Navarra, ostentando la más significación política, religiosa y cultural.
Los actos comenzaron pasadas las 11 y media de la mañana con una Eucaristía presidida por el Nuncio de Su Santidad, Renzo Fratini, y en la que le acompañaron los arzobispos de Burgos y Pamplona, así como el recién nombrado obispo de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa. Tras la misa, tuvo lugar un acto institucional en el que se representó el episodio histórico correspondiente a la fundación del Monasterio, y que anualmente se representa en el conocido ‘Cronicón de Oña’. Como colofón, se descubrió una estatua dedicada al conde Sancho García que, desde hoy, preside la plaza que llevará su nombre.
Los avatares del monasterio
Testigo del paso del tiempo, el Monasterio de San Salvador se enmarca en el corazón de la villa burgalesa desde hace mil años y vigila desde hace siglos la vida de los vecinos que pasan y pasaron por las calles de la localidad siendo, además, uno de los edificios monacales más importantes de la historia del Reino de Castilla. Por las puertas del espacio monacal han pasado importantes condes, miembros de la realeza castellana, presidentes y alcaldes de todas las épocas y políticos de distinto signo.
El edificio, de sobra conocido por albergar anualmente las representaciones del ‘Cronicón de Oña’, fue fundado en el año 1011 por el conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González, en honor a su hija Tigridia, que se convirtió en la primera abadesa del mismo. En 1033, el Monasterio pasó a depender de los monjes cluniacenses, momento en el que San Salvador se convirtió en un punto de referencia e importancia en el conjunto de espacios monacales del Reino de Castilla.
A finales del siglo XIX, la iglesia del Monasterio pasó a ser utilizada como la parroquia de la localidad, mientras que las dependencias monacales fuero adquiridas por los jesuitas. En la actualidad, y desde hace varias décadas el complejo monástico depende de la Diputación Provincial de Burgos, que lo utiliza como hospital psiquiátrico.

jueves, 24 de marzo de 2011

Arquitectura popular


Casa parroquial
         Entre el patrimonio artístico con el que cuenta Oña no solo se encuentra el religioso sino también el civil. Son varias las casas blasonadas y recién restauradas por sus titulares que nos muestran este no menos interesante patrimonio artístico y cultural. Si el turista que se acerque hasta nuesta Villa desea ver ejemplos típicos de arquitectura popular, estos son algunos de los ejemplos.
         En la calle del Pan nº 12 localizamos un escudo de armas al que sirve de apoyo una cruz de Calatrava. Timbra este escudo un yelmo de altos penachos y abundante lambrequín, al que delimitan cuatro mascarillas, en la punta dos amores, uno a cada lado. En su campo aparece un león rampante y una estrella de ocho puntas en el cantón diestro del jefe. En la bordura ocho cartelas. Se trata del escudo de armas de la familia Alonso de Prado.
         En la actual casa parroquial, calle del Agua nº 2, y recientemente restaurada, encontramos un escudo en cuyo campo hay sobre una peña, un trozo de muro almenado y sobre éste un castillo donjonado y mazonado, con una flor de lis a cada uno de sus costados. En la bordura diez cabezas de moros con turbantes. Se atribuye a la familia de la Peña y datable como el anterior en el siglo XVIII.
         Enfrente y en el número tres de la misma calle, hay un blasón idéntico al existente encima del pórtico de la Iglesia de San Juan. Timbrado por un sombrero del que penden dos cordones con diez borlas cada uno. Divide su campo una banda engolada en boca de dragones. En el cantón siniestro del jefe, se acomodan cuatro estrellas de ocho puntas, y en el diestro de la punta, otras tres iguales en posición de banda. Corresponde el escudo al obispo don Pedro González Manso fallecido entorno a 1.535, y cuya sepultura se conserva en el claustro gótico de la Iglesia de San Salvador.
         En esta misma calle del Agua y convertido hoy en Centro de Salud se conserva la fachada del Hospital de Santa Catalina, centro de beneficencia fundado en el siglo XV para acoger a cuantos pobres y necesitados recalaran en la Villa necesitados de asistencia sanitaria.
Arco de la Estrella y muralla medieval
         Los usos, costumbres y adelantos actuales han provocado que algunas de las construcciones y edificaciones de antaño hayan quedado hoy en desuso, este es el caso de lavaderos y abrevaderos. Existen dos ejemplos de éstos en Oña y que el Exc. Ayuntamiento ha rehabilitado y restaurado en 1.998, ello con el fin de preservar y transmitir a generaciones futuras. El primero con un marcado uso higienico y doméstico, se convertía en centro improvisado de reunión para todas aquellas amas de casa que iban a "hacer la colada". El segundo de uso ganadero para las caballerizas y demás bestias de la localidad.
         Junto a la Oficina Mun. de Turismo se encuentra el arco de la Estrella, única entrada de la muralla medieval que hoy en día queda en pie.

Fachada del Monasterio


Vista general de la Fachada del Monasterio
         Se trata de la fachada del antiguo monasterio benedictino de San Salvador fundado en el año 1.011 por el Conde de Castilla don Sancho García, y cuyo vestigio más importante se conserva hoy en la Iglesia de San Salvador.
         Es este fachada una obra del siglo XVII en cuyas hornacinas se encuentran las estatuas de los condes y reyes custodiados en los panteones de la iglesia monacal: don Sancho García y García Sánchez, y los reyes Sancho II el Fuerte y Sancho el Mayor de Navarra.
         La torre o cubo de la izquierda llamada de Adán, sirvió hasta el año 1.610 de cárcel de los monjes. Si algo impresiona de esta fachada ello es su porte y presencia, anticipo de la magnificencia de su iglesia y vestigio de su explendoroso pasado.

Judería



Calle Barruso
         En la actual calle Barruso, empinada y estrecha vía que permite el acceso a la localidad por su parte este, se localiza la antigua judería medieval. Las primeras noticias que atestiguan la presencia de este grupo social en la localidad arranca del año 1.102, aunque las más abundantes se centran a fines del XVI e inicios del XVII. La documentación de la época nos muestra las actividades desempeñadas por la población judía: prestamistas, inversiones en propiedades inmuebles, arriendo y reventa de viviendas, comercio de tejidos, etc.
         Las relaciones entre esta comunidad y el monasterio benedictino fueron claramente tolerantes, habida cuenta del interés y beneficio mutuo. El monasterio conseguía de los judíos una fuente segura de ingresos, con unos gravámenes especiales sobre sus propiedades inmuebles. Los judíos por su parte es posible que se encargaran de cobrar las rentas y comercializar ciertos bienes del monasterio, como las salinas.
         En la citada calle Barruso se sitúa hoy la posible sinagoga, en un edificio con un saledizo muy próximo a la plaza del Ayuntamiento. Son varias las casas que conservan vestigios de este pasado en sus fachadas, por medio de varios arcos apuntados en sus puertas de ingreso.

Iglesia y Torre de San Juan


Portada de la Iglesia de San Juan

         Si bien la iglesia abacial de San Salvador es el principal reclamo monumental con el que cuenta la Villa, no es éste el único.
         En la plaza del Ayuntamiento se localiza la Iglesia de San Juan Bautista, levantada entre los siglos XII al XVI. Su interior destaca por el excelente estado de conservación con importantes restos románicos, un calvario gótico del XIII, su portada gótica y un retablo barroco sin dorar.

Torre de San Juan

         Junto a esta iglesia se alza la torre de San Juan, de titularidad municipal y restaurada por el Exc. Ayuntamiento. En ella se ha dispuesto el Museo de la Resina, que acoge en tres salas una muestra de paneles y piezas originales a través de las cuales se intenta acercar al visitante las características del desaparecido oficio de resinero y la utilidad industrial de este producto. En la última planta se dispone un mirador desde el que se observa una panorámica de toda la Villa. Aparte del contenido la propia torre destaca por la restauración realizada, ya que en todo momento se han respetado los elementos originarios y propios de la construcción.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Iglesia de San Salvador


 


Claustro de los Caballeros
         Un monasterio de la categoría del anteriormente reseñado debería guardar un tesoro artístico de la misma condición, y efectivamente así ocurre. El principal hito monumental de Oña es su iglesia abacial. Ésta constituye sin ningún género de dudas, la mayor sorpresa que el visitante se puede llevar en la provincia de Burgos, provincia y ade por si rica y densa en patrimnio cultura. Este desconocimiento previo, es uno de los mejores aliados para conseguir en el turista una exclamación de sorpresa y estupor que tardará tiempo en olvidar. La amplísima variedad de estilos artísticos aquí conservados (Románico, Gótico, Renacimiento, Barroco, Musulmán, Mudéjar, Egipcio y época romana), junto con la extensa nómina de objetos aquí contenidos (retablos, pinturas, rejas, vestidos, sillerías, sepulcros, esculturas, etc.), que en ocasiones son únicos, convierten a este monumento en una lección de Historia del Arte.
         Comenzamos la visita por el pórtico, estructura arquitectónica románica del último cuarto del siglo XI, visible en sus impostas ajedrezadas y en su arco de medio punto trenzado. La bóveda está decorada confrescos hispano-flamencos, en los que el tema escogido son los ángeles con símbolos de la Pasión, realizados por Fray Alonso de Zamora (el Maestro de Oña) en la segunda mitad del siglo XV. Una puerta gótico-mudéjar de Fray Pedro de Valladolid, en nogal, roble y boj nos introduce en el interior de la iglesia.


Estatua de San Iñigo
         Una vez dentro del templo impresionan sus proporciones: 83 metros de largo, 20 de anchura y 18 de altura. Mas parece una catedral que otra cosa. En el primer tramo cuatro retablos de los siglos XVII al XVIII: San Froilán, Santa Gertrudis, Santa Tigridia y San Benito. Les cierra una reja del siglo XVI.
         En el muro de la epístola no sorprende un fresco de estilo gótico líneal datado en la primera mitad del siglo XIV y con un estado de conservación impecable, en él se narra la vida de San María Egipciaca. En el paramento opuesto el Cristo de Santa Tigridia, de transición al gótico y de finales del siglo XII.
         Una vez llegados al crucero observamos las grandes dimensiones del órgano barrroco del año 1.786, y con más de 1.100 tubos, construido por el riojano Francisco Antonio de San Juan y recientemente restaurado. Es en los meses de julio y agosto cuando se organizan varios conciertos. El antiguo retablo de Santa Catalina, finales del XV, comparte capilla con unas tablas hispano flamencas de Juan Sánchez.
         La capilla mayor es sin ningún género de dudas la joya o el tesoro que encierra este templo, nada en ellas es desdeñable. Su atrevida bóveda gótica, ideada por Juan de Colonia y plasmada por Francisco Díez de Presencio en 1.450 y con 400 metros cuadrados de superficie. Los Panteones Real y Condal, obra única dentro del arte funerario medieval europeo al estar construidos en nogal y boj. Se trata de una obra de gótico-mudéjar (1.480/95), tallada


Sillería gótica
por los propio monjes de la abadía. Aquí es imposible describir con palabras la filigrana de talla y taracea de sus ochos ataúdes y de sus dos baldaquinos. Incluso viéndolos, uno no puede imaginarse el trabajo, la minuciosidad y la paciencia desplegada para elaborar semejante conjunto.
         En los sepulcros descansan dos Condes de Castilla: don Sancho García, fundador de este monasterio y muerto en 1.017, y su hijo García Sánchez, asesinado en León en 1.029. El rey de Castilla don Sancho II el Fuerte, el rey del Cid Campeador asesinado en Zamora por Vellido Dolfos en 1.072. El rey de Navarra don Sancho el Mayor, muerto en 1.035; y su mujer la reina doña Mayor fallecida en 1.066. Los ínfantes Alfonso y Enirque, hijos de Sancho IV el Bravo; y don García, hijo de Alfonso VII el Emperador. Asimismo encuentra aquí reposo doña Urraca, esposa del conde fundador de la abadía.
         Todo este conjunto funerario medieval se encuentra decorado por las que seguramente sean de las preimeras pinturas hispano-flamencas burgalesas que se hacen sobre sarga y no sobre tabla. El tema central es la Pasión de cristo, plasmada a través de seis escenas por el benedictino Fray Alonso de Zamora. El taller pictórico por él creado en la abadía en la segunda mitad del XVI, es junto con el de la Catedral de Burgos, el foco más activo de pintura de la provincia en esa época.


Mortaja del príncipe García
         Por si esta obra de talla fuera poca, nos encontramos con una sillería gótica de nogal (año 1.475), de nada menos que 84 sitiales, ejecutada por naos benedictinas bjao la dirección de Fray Pedro de Valladolid, cuiya crestería calada más parece tejida que tallada.
         La capilla mayor se ve presidida por un gran retablo barroco en forma de arco triunfal, y por la capilla de San Iñigo. En esta se guardan los restos del santo abad oniense en un arca de 1.597, cobijada por un tabernáculo del siglo XVIII.
         Si lo que primero sorprendía al entrar en el edificio eran sus grandes proporciones, no lo son menos las de su sacristía, una construcción herreriana de finales del XVI convertida actualmente en museo. Destacan por encima de todo dos piezas textiles medievales: la mortaja del príncipe García, enterrado en el Panteón, elaborada en Almeria en el primer tercio del siglo XII; y la posible mortaja del Conde don Sancho García, tejido de la época califal datado entre los años 929 y 939, en seda, lino e hilo de oro. Su antigüedad las convierten en piezas de incalculable valor artístico.


Don Pedro López de Mendoza
Un magnífico bulto sepulcral de don Pedro López de Mendoza, esculpido en alabastro en 1.564; y tres vitrinas con arquetas musulmanas y piezas en orfebrería completan el museo.
         A continuación la sala capitular transformada en museo románico. Restos del antiguo claustro románico del XII, y la arquería que decoraba el refectorio monacal (única en España), son los restos más destacados.
         Por último el claustro gótico flamígero, obra de Simón de Colonia y construido entre 1.503 y 1.508. En uno de sus sepulcros, el del obispo don Pedro González Manso, año 1.534, se conserva una importantísima reja románica. Si algo destaca en este claustro es su profusa decoración, que se conserva intacta en varias de sus pandas.

HISTORIA

Aunque la localidad de Oña hunde sus raíces en los tiempos más remotos -cuevas con restos paleolíticos y un castro autrigón posteriormente romanizado- su entrada en la historia se puede situar a mediados del siglo VIII, cuando surgió como fortificado baluarte de uno de los más estratégicos accesos al norteño territorio en donde se habían refugiado las gentes cristianas ante la presión militar de los islamistas del sur. Dos siglos más tarde, en concreto en el año 950, el primer conde independiente de Castilla, Fernán González, la concede sus primeros privilegios. Su nieto, el conde Sancho García, el de los Buenos Fueros, eleva el lugar al rango condal y funda el monasterio de San Salvador que pone en manos de su hija, la infanta Trigidia.

Desde ese momento el devenir de Oña va a estar ligado íntimamente a esta poderosa abadía benedictina -sus abades ostentaban el título de señores de Oña-, que con el tiempo llegó a convertirse en una de las instituciones más influyentes de todo el reino de Castilla. Las exenciones y fueros con los que contaba Oña, en especial los concedidos por el rey Alfonso VIII, contribuyeron a su desarrollo económico y fueron el foco de atracción para una numerosa comunidad judía.

Además de con el magnífico monasterio de San Salvador, la villa de Oña cuenta con otros restos de su fecundo devenir histórico. Entre todos destaca la antigua iglesia parroquial de San Juan con su portada gótica y su torre de origen románico. Su interior está presidido por un Calvario medieval proveniente de la cercana localidad de Tamayo. En un costado de esta iglesia se conserva el resto más importante de la muralla de Oña: el arco de la Estrella.

LOCALIZACIÓN

Enclavada en la zona noreste de la provincia de Burgos, y a caballo entre las comarcas de Las Merindades y La Bureba, se encuentra la Villa de Oña.
         La N-232 que atraviesa la localidad, la comunica con Burgos en 68 Km., Logroño y Santander en 100, Bilbao a 90, Vitoria a 75 y Miranda de Ebro a 50 Km.
         Su privilegiado entorno natural; su rico e inigualable patrimonio cultura, fruto de un deslumbrante pasado; su adecuada infraestructura de servicios; su cuidado casco urbano, etc, lo convierten en uno de los principales reclamos turísticos de la provincia de Burgos. Reflejo de todo ello es la concesión en 1.996 del Accésit del Premio C de Turismo de la Junta de Castilla y León, y del segundo premio de embellecimiento de la Diputación Provincia de Burgos en 1.998. Esto demuestra el reconocimiento público hacia el potencial turístico con el que cuenta la Villa, su importancia dentro del concierto provincial y regional, y la labor desplegada por su Exc. Ayuntamiento.